Restaurante Sivella 465, de los pocos recomendables en plena Recoleta

Aug 28, 2013 por     4 Se animaron    Escrito En: Restaurantes de Buenos Aires


Cuando fui a este restaurante ya habían pasado bastantes días de mi llegada y mi ansiedad gastronómica porteña estaba ya más calmada porque había descubierto el Bar Portuario. Estaba un día caminando por la paqueta Av. Quintana cuando me sorprende lo que parecía un local pero sin vidrieras y con una puerta de madera con decoraciones de uvas en hierro forjado. Me acerqué un poco y vi un atril que anunciaba una carta menú de un restaurante aunque nada que lo rodeaba daba la sensación de ser un restaurante…si querían pasar desapercibidos, el éxito era total.

Entrada a Sivella

Una puerta que disimula lo que encontraremos al traspasarla

La carta parecía tentadora por los nombres y por los precios, atrayentes. Por curiosidad pasé la puerta y me encontré primero con el lobby de un hotel de diseño moderno y minimalista, menos parecía hotel, y al fondo un restaurante, despojado, simple y agradable, me acerqué a preguntar si abrían por la noche, me contestaron amablemente que si pero que no tenían ningún lugar disponible para ese día y era un lunes.

A quien no lo deja asombrado la respuesta…si la gente lo elegía había que volver. Pasó una semana y al martes siguiente fui con una amiga, claro que con reserva previa…pero la ley de Murphy…cumplí con todos los requisitos de reservar el día anterior, etc., etc., le conté a mi amiga de lo que parecía el éxito del restaurante y que seguramente estaría lleno y fuimos los dos únicos clientes en toda la noche, después me enteré que la semana anterior había sido la Buenos Aires Food Week y ese restaurante estaba en el circuito.

La carta de comidas es pequeña pero tentadora, la de vinos correcta y con muy buenos precios. Elegimos un espumoso rosado de Trumpeter, no lo conocía y que por los $ 100 que lo cobraron me pareció muy bueno y acompañó muy bien toda la comida. En mis años de Caribe me acostumbré a los rosados refrescantes y sobre todo a los del Val-de-Loire y el espumoso rosé de uva bobal de Languedoc, el J.P.Chenet…estos vinos, el mar Caribe y buena música…un placer

Volviendo al restaurante, para no delirarme por el Caribe, mi amiga pidió unos Langostinos apanados en panko, con una salsa “estilo Thai”, parece que todo lo que lleva jengibre y ajo es thai ahora, y una buena ensalada occidental pero por favor no crean que es cocina fusión, que solo trae confusión, sino un buen plato bien pensado y equilibrado. Yo elegí un Abadejo sobre un puré de papas con camarones, imaginen una brandade modernizada, una buena salsa de lima y acompañado por una ensalada tibia de diferentes tomates, entre ellos los negros, que por acá no lo son tanto y son pequeños, en texturas varias, plato simple y muy bien logrado. Lo que no entendí qué hacía una cucharada como olvidada en el plato de huevitos de pez lumpus teñidos de negro que llaman en todo el mundo simil de caviar.

La panera sabrosa y del dip no me acuerdo de qué era pero no me dejó malas huellas.

Como postre una Sinfonía de chocolates blanco y negro algo pesada pero no mal y que sabía maravillosa con el espumoso rosado de Trumpeter…tuvimos que pedir una segunda botella para completar la comida…el vino es vida y al que a este mundo vino y no toma vino, ¿para qué vino?

Mi amiga eligió una Mousse de maracuyá que no me convidó o sea que la opinión es de ella: “Muy buena”.

La cuenta fue sumamente cariñosa. Cuando nos íbamos vi a un joven de pelo largo atado en una cola que imaginé que era el chef…me imaginé bien, otro día les contaré una charla que tuve con él.

Sivela 465, que así se llama el restaurante, no era el segundo restaurante que pisaba desde mi llegada, pero sí el segundo que lograba emocionarme por sí mismo y nada tenían que ver en eso ni mi amiga, que dicho sea de paso es muy bonita, ni el espumoso rosado de Trumpeter…ya tenía otro lugar para volver. Claro que ya habían pasado 35 días desde mi llegada y 19 restaurantes visitados entre recomendados y descubiertos, el promedio venía mal pero iban creciendo mis deseos de volver por lo menos a dos, ni se les ocurra que les voy a decir el nombre de los innombrables, aprendí a que la vida es corta y hay que disfrutarla, reír, bailar, gozar para qué poner malas ondas sobre la mesa…esta vez me fui en el auto de mi amiga escuchando jazz.

Escrito Por Martin Carrera

Maestro Chef de Nivel Internacional, un gran amante de la cocina y un emprendedor. En continuo movimiento de un lugar a otro, dando cursos, enseñando y descubriendo la cocina cada día. No nací ni me convertí en chef de un día al otro, si te interesa, puedes leer un poco más sobre mi historia...

4 Comentarios + Agregar Comentario

  • ¡Qué buenos sus comentarios, maestro Carrera! Así mismo entretenidos y didácticos. Gracias.

  • Hola Martín, Siempre recibo una invitación tuya para unirme a esta página? No sé, bueno, me parece que alguna vez quedamos en encontrarnos por intermedio de una página , y nunca lo concretamos. Bueno, espero tu respuesta
    ma inés

  • Hace mucho que no pruebo los exquisitos platos de Martin Carrera, un amigo al que las vueltas de la vida me hicieron perder contacto Si lo lees, un abrazo

    • Eduardo Repetto…no puedo creer que nos hayamos reencontrado…volverás a probar mis platos…sigo vivo y -coleando y ahora viviendo en Baires…15-3117-3000…un fuerte abrazo

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